La Feria del Libro

April 28, 2019

Hay un evento anual que siempre atrae. Una  fiesta literaria que comienza cada año alrededor del 23 de abril. ¿Por qué? Porque William Shakespeare y Miguel de Cervantes fallecieron el mismo día, del mismo año (1616), en dos rincones del mundo distintos (el primero en Stratford-upon-Avon, Inglaterra; el segundo en Madrid, España) y probablemente sin conocerse entre sí e ignorando sus obras mutuamente.

 

La UNESCO decidió entonces darle entidad a lo que podría pasar desapercibido. Proclamó en 1995  esa fecha como "Día del Libro y de los Derechos de Autor" porque, como todo "Día Internacional", sirve no sólo para concientizar acerca de una problemática cultural - como el plagio de obras- sino además  para movilizar la opinión pública y , lo que es aún más importante, "marcar agenda". Es decir, promover políticas públicas como podrían ser, en este caso, aquellas ligadas a la educación de la ciudadanía.

 

La pregunta de  los curiosos que no se atreven a tener esta experiencia es si se puede ir a este tipo de mega acontecimientos y pasar un buen rato aunque no se identifiquen como  "lectores ávidos". La respuesta es un rotundo "sí". Sea por su propuesta cultural o tecnológica, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es una gran oportunidad para poder descubrir un mundo completamente ajeno al propio.

 

Lo interesante es ver cómo se va adaptando la Feria a las necesidades culturales. En cada rincón de la Feria  hay huellas del clima de época: desde su slogan hasta las exposiciones y conversaciones que se dan en las salas armadas dentro de los pabellones. Por ejemplo, la frase que acompañó la edición número 11, celebrada en 1985,  fue "Al escritor y la libertad de expresión". Poniéndola en contexto (uno de retorno de la democracia), cobra sentido y aún más relevancia, puesto que muchos autores se vieron exiliados, censurados o incluso mutilados por el aparato militar, como el famoso- pero no único- caso de Rodolfo Walsh.  

 

Siguiendo la idea de la aclimatación, pese a que nunca cambia el sitio elegido para llevar a cabo el evento (el predio de La Rural es el elegido desde el año 2000), los stands de los  expositores suelen ser rediseñados, con espacios adaptados tanto para hacer la firma de ejemplares de autores como para otras presentaciones participativas (juegos, charlas, experiencias sonoras y visuales, entre otras). Es llamativo ver  que ahora hay stands como el de Book Depository que, lejos de vender ejemplares tradicionales, el único material que ofrece es un señalador para comprar ebooks con descuento en su sitio de internet.

 

El programa también dio grandes pasos. Ya no sólo hay jornadas para ilustradores, trabajadores editoriales, educadores o investigadores. La figura del "booktuber" tiene ahora  peso propio en esta agenda cultural.

 

Hay incluso ambientes para probar dispositivos de libros electrónicos y para hacer las transmisiones de radio. Es así la manera en la  que el encanto- y el secreto- de la voz a través del parlante queda(n) expuesto(s) a la luz de la Feria. Hoy día, obviamente, todo se transmite vía streaming. Sea por YouTube, sea por la cuentas oficiales de la Feria en redes sociales.

 

La Feria se vive en vivo, en persona o pantalla de por medio. Mediante su App, se puede acceder fácilmente a información como su cronograma diario, mapas, a data sobre jornadas, firmas, autores y mucho más. Lo más novedoso es que es posible establecer a través de la opción "Networking" de la aplicación, una conversación con concurrentes.

 

 

Las cifras también pueden ser datos que incentiven a la gente a concurrir. La Feria creció en todos sus aspectos si se la compara con su primer edición, realizada en el Centro Municipal de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires en 1975. Pasó de tener:

 

↳De 7.500 metros cuadrados (con 116 stands), a ocupar 45.000 metros cuadrados.

 

↳De 7 países participantes, a 40 representados.

 

↳De 50 actos culturales, a 1.500.

 

↳De 140.000 visitantes, a más de 1.200.000.

 

¿Por qué es relevante que haya expositores de países y provincias además de Buenos Aires? La multiplicidad cultural se fomenta en todo sentido y se extiende temporalmente  más allá de la Feria. En estos espacios, se brinda información turística y se ofrecen cursos de aprendizajes de idiomas (tal es el caso del Italia, que suele presentar a través del Instituto Italiano de cultura, sus servicios didácticos y educativos).

 

Algo similar sucede con los expositores ligados a las distintas instituciones. Sea la Biblioteca del Congreso Nacional (o BCN), o de la Biblioteca Argentina para Ciegos (conocida como BAC), en cualquiera de este tipo de stands se reciben conocimientos muy específicos ligados a las temáticas que tratan. Por ejemplo, en la BAC  muestran cómo se escribe en alfabeto Braille, como también enseñan a entender este código lingüístico.

 

Otro caso, es el de la Asociación de Fileteadores. El famoso arte que brota en las calles de Buenos Aires, tiene resguardo en uno de los pabellones. Aquí, artistas pintan cuadros e intervienen objetos con este trazo que data de finales del siglo XIX y  que ya es marca registrada del país.

 

Fanáticos del fútbol también pueden simpatizar a su manera con esta mega fiesta cultural. Equipos atléticos de primera división tienen su rincón ambientado. Entre copas, reconocimientos y mucho material digital para disfrutar, se hacen presentaciones de libros de ídolos de los clubes y muestras fotográficas de momentos  clave de las instituciones.

 

Por último, este mundo literario espera a sus visitantes con una joya de oro año tras año. Se trata de "La Ciudad Invitada de Honor". Desde 2013, una metrópoli marca fuertemente el programa de Feria del Libro. Ámsterdam, San Pablo, México DF, Santiago de Compostela, Los Ángeles, Montevideo y Barcelona tuvieron razones de sobra para acercar su cultura a los habitantes de Argentina. Esto trasciende los límites espaciales de la feria. Museos, asociaciones culturales y teatros abren sus puertas a través de presentaciones inéditas a la música, a la poesía y a exhibiciones de artistas extranjeros.

 

La clave de la feria yace en diseñar un mapa propio con lo que más relevante resulte a la mente y a los ojos. Hacer todo es naturalmente imposible. No obstante, dejar de lado algo puede ser el camino para encontrar nuevas propuestas culturales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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