Biblioteca Nacional: imperdible de Buenos Aires

March 15, 2019

Si de afuera parece inmensa, por dentro se asemeja a un mundo completamente distinto. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BN) es la casa de más de un millón y medio de libros, el segundo hogar de los estudiantes universitarios y la quinta de fin de semana de cientos de investigadores. Contra todos los imaginarios sociales, este universo no es sólo literario; como tampoco es parecido a una librería comercial de plena calle Florida.

 

La entrada a la galaxia de la  BN ya da que hablar. Leandro Katz, famoso por sus escritos, fotografías y producciones fílmicas, está detrás del trabajo realizado sobre las baldosas que se encuentran en el ingreso al edificio. “Alfabeto lunar” es el nombre que recibió esta obra y se creó en el marco de Art Basel Cities, un movimiento cultural que se extendió una semana en septiembre de 2018.  El resultado: 27 bloques de cemento incrustados en el piso; cada uno con la imagen de una luna en una fase determinada junto a una letra específica sobre su superficie, dan la bienvenida a sus ingresantes.

 

Una vez hecha la admisión, en planta baja, comienza este camino galáctico. Hay un sector que exhibe materiales didácticos y máquinas de lectura para los no videntes: es  la muestra “ Los libros y la noche” (una alusión directa a J.L Borges y su “Poema de los dones”). Este es, sin lugar a dudas, un rincón para la reflexión y el asombro. ¿Qué habría sido de las personas no videntes si en 1824 no se hubiera implementado el sistema braille? ¿Qué se siente estar privado del sentido de la vista?

 

Una sola cuestión queda clara: más allá de la adversidad y de  las distintas dificultades que se puedan tener, habrá gente, instituciones u organizaciones dispuestas a trabajar cada día para mejorar la calidad de vida del prójimo.  La exhibición en cuestión celebra los 25 años de la Sala de lectura para ciegos “Dr. Vicente Gregorio Quesada”, y sin lugar a dudas, la vocación por ayudar y contribuir para el bienestar del conjunto de la ciudadanía.

 

El recorrido por este cosmos apenas comienza. Unos pisos por escalera más abajo, está el “Polo Norte” de los lectores: la bodega del tesoro más preciado de la BN. Acá no hay duendes, no obstante. Hay un colectivo de trabajadores que se ocupan de ordenar y de tomar los libros solicitados en mostrador de los estantes.

 

Entre sus tareas, también se encuentra la digitalización de las  tapas de los ejemplares. ¿Por qué pasar a este innovador formato? Los especialistas en el oficio aseguran que, pese a que  hay mucha gente que se acerca a pedir específicamente una edición de un libro, son pocas las personas que pueden pronunciar el nombre de la editorial o datos particulares de la obra que buscan. En efecto, mostrando en pantalla (ya digitalizadas) las distintas opciones, se le ofrece al lector lo que anhelaba de modo más directo.

 

El porcentaje de estantes ocupados se incrementa dia a dia gracias a las donaciones. Como consecuencia, en breve, se habilitará un nuevo subsuelo para acaparar todas los ejemplares que lleguen. Cada libro es cuidadosamente revisado: tanto los que llegan como los más viejos, se examinan hoja por hoja y, en caso de ser necesario, con la ayuda de una herramienta filosa se despegan aquellas páginas pegadas. El proceso de conservación no solo aplica para la humedad: también se trata de evitar que los hongos y los ácaros, entre otras especies, contaminen estos soportes culturales tan valiosos. Si un libro no se encuentra en condiciones de ser utilizado, no se puede garantizar el acceso al mismo por parte de los concurrentes a la biblioteca.

 

Muchos se preguntarán cuál es el criterio para organizar las estanterías. La respuesta sorprenderá - o no-: es el orden de llegada. La explicación para tal hecho es la mera optimización del espacio. De lo contrario, ¿cómo podrían calcularse a futuro las donaciones que se harán de tal o cual género?

 

En otra órbita de este “cyberespacio” intelectual, unos pisos más arriba de donde  se encuentra el núcleo duro de este sitio de interés general, se encuentra la “Hemeroteca”. Está señalada con una “H” en el ascensor: es el sector dedicado a los diarios y revistas que datan desde 1940 en adelante. Quienes estén avocados a la investigación, pueden solicitar las publicaciones que precisen ahí. Aún más, todo lo requerido puede consultarse mediante las computadoras disponibles. Dato de color: todos los días llegan ejemplares de la prensa para disfrutar en el sector.

 

En el primer piso, se encuentran el Auditorio J. L Borges, las salas de exposición (se puede consultar el calendario oficial haciendo click aquí) y una cafetería de una reconocida cadena porteña. Todas las exhibiciones, así como además la entrada a la biblioteca y su visita guiada, no tienen costo alguno.

 

La Audioteca, la Mediateca, la Fototeca y la Mapoteca están unos pisos más arriba. Lo encantador de la primer sala mencionada es que incluye un piano, donde quienes asisten también pueden sentarse a componer o tocar. Las otras tres revelan otros de los cuidados especiales que reciben los materiales en la BN. En el caso de las fotografías, se guardan en heladeras; de modo tal que se protegen de las temperaturas inadecuadas para su perfecta conservación. Algo similar sucede con los mapas, los cuales son borrados con goma de ambos lados.

 

La Sala del Tesoro es otro de los corazones que laten dentro de la biblioteca. Aquí yacen los retratos de quienes la dirigieron. La actual directora es mujer: Elsa Barber rompió con una larga tradición de hombres al mando de esta institución (que data de los periodos patrios) . Hay también disponibles en este sector reliquias como máquinas de escribir y cartas originales que se enviaban entre escritores. Este espacio es especialmente reservado a investigadores (a menos que se realice la visita guiada), quienes tienen acceso a los catálogos online para consultar posible material.

 

Este cosmos quedaría inconcluso si no fuera por sus lectores. En lo más alto del edificio, con la mejor vista de Recoleta, se encuentran las salas de lectura. Existe la idea de que uno puede tomar el libro de una estantería sin más. Sin embargo, contar con alguien en un mostrador es imprescindible. ¿Cómo podría mantenerse el orden de los libros de no ser así? Uno de los problemas que suele existir es que, un libro fuera de su correspondiente lugar, sigue figurando en el catálogo digital. En efecto, ¿como hacerle entender a quien busca algo específico que, pese a que su libro simula estar presente, este está perdido en una inmensidad de casi dos millones de ejemplares?

 

Este universo está lleno de luz. Cada libro, cada herramienta cuidada y atesorada, constituyen un patrimonio que  ilumina - incluso aunque no podamos ver- nuestro pasado, presente y futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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