Animarse a un nuevo desafío

March 21, 2018

¿Cuántas veces nos llega información acerca de una actividad que “nos tienta” pero que aún así por una razón o por otra la postergamos o descartamos?

 

“Que el arancel”, “que la fecha”, “que estoy cansada/o”, “que ya fue”. La verdad es que en muchas de esas ocasiones no nos hacemos drama por perdernos una oportunidad.  Hoy me dí cuenta de que, muchas otras veces, VALE LA PENA lidiar contra las trabas que nos ponemos en nuestro propio camino. Acá va la crónica de una clase que me enseñó más de lo que esperaba.

 

Fui a SALÚ, un sitio que se autodefine “club de mesa & cocina”: lugar donde se comparte el conocimiento sobre la gastronomía y el amor por la buena comida.  Recientemente, lanzaron “ABC de la cocina casera”, un ciclo de clases donde uno puede mirar y participar a lo largo de tres horas aproximadamente. Por ejemplo, te muestran cómo hacer  sándwiches y ensaladas -combinando ingredientes de un modo único-, acompañamientos para platos, tapeo, comida para quienes viven sin compañía, y mucho más.

 

Había escuchado de  este rincón de Palermo gracias a una amiga cercana que iba a asistir. Me fascinaba la idea pero no quería sentir que desperdiciaba plata, porque aunque me encanta la cocina, y pese a que siento que soy una persona súper creativa, en este rubro no logro hacer dos pasos seguidos como corresponde.

En lugar de contar con un espacio terapéutico como la cocina, me tengo que conformar con mirar el canal Gourmet en TV y con apreciar el  “food styling” que inunda las cuentas de Instagram alrededor de todo el mundo. O  de eso me convencí con el paso del tiempo.

 

Además, me sucede que soy consciente de que, aunque cocinar tiene un “costo -tiempo”, también sé que lo que se quema en el horno, la manteca que se calienta de más, la crema que se corta, tienen un costo económico. En fin, como no sirvo para seguir recetas (OJO: ¡el bizcochuelo de cajita me sale siempre bárbaro!), ni loca me hubiese inscripto en una clase para algo que creo que nunca podría hacer. 

 

El lunes iba a ser un día más en mi vida  hasta que mi hermana me llamó para decirme que necesitaba que la acompañase a SALÚ porque su amiga no podía ir y ya había pagado. La verdad es que lo pensé antes de decirle que sí, dado que no sabía qué provecho podía sacarle  a tres horas de explicación sobre masas de tartas y sopas. 

 

Cuando llegué, el lugar ya de por sí me fascinó. Era en una casa antigua modernizada; con una cocina que tenía ventanales que daban a la calle y una mesada gigante y sillas a su alrededor para quienes íbamos a observar. Todo ordenado, bajo una iluminación perfecta que resaltaba casa azulejo celeste de la pared. 

 

Toti Quesada, la directora gastronómica de SALÚ, nos dió la bienvenida a mi hermana y a mí; y mientras esperábamos a los demás participantes, ya se sentía en el aire ese aroma a comida casera por los pasillos de la casa. 

 

Cada banqueta de mimbre tenía un manojo de hojas con las recetas que estábamos por hacer. Ni bien lo pispié, me di cuenta de que los procedimientos eran mucho más básicos-por lo menos, en cuanto a la lectura- que lo que yo creía. Fue bastante esperanzador notar que iba a poder seguir y entender lo que me decían. 

 

Preparamos (¡todas cosas que me encantan!):

 

❋Sopa de calabaza & jengibre

❋Sopa de brócoli & rúcula

❋Tarta de remolacha, cebollas caramelizadas & queso de cabra en masa integral

❋Tarta de espinaca, queso brie & panceta crocante en masa tradicional

❋Tarta de zanahoria, ricota y ajos confitados en masa philo.

 

Entre risas, preguntas y  miradas concentradas en las preparaciones, se me pasó el tiempo volando. Fuimos probando cada cosa que hacíamos y deleitándonos con nuevos sabores. Por ejemplo, Toti, quien era quien estaba a cargo de la clase, nos habló de unas tostadas con manteca y miel que había probado, y espontáneamente organizó todo para que tuviésemos la oportunidad de probar ese sabor también. Realmente fue muy detallista en ese sentido; todo aquello que sentía que podía ponernos al alcance de nuestra mano, lo hacía. Lo mismo sucedió con la "canchita", un maíz andino que tostó en el momento para que lo conociéramos.

 

Lo que me pasó hacia el final de la clase, es que me dí cuenta de que me estaba perdiendo un mundo por miedo a sentir que perdía el tiempo. Con esto no quiero decir que a partir de ahora cada vez que haga tarta, la masa la voy a preparar yo misma. ¡Sigo siendo consciente de mis limitaciones culinarias! Sólo digo que volvería a ir a una clase de cocina, que estoy dispuesta a ir a escuchar  gente que sabe lo que hace. Y no, no es lo mismo que seguir un paso a paso de YouTube, una receta de TV o lo que fuere. 

 

Me sucede que, desde ayer, realmente lo veo como una inversión: además de recetas, me transmitieron las ganas de aprender de una forma diferente acerca de la cocina, rodeada de gente que tenía preguntas, curiosidad, interés. Es la atmósfera en su totalidad la que te atrapa y te mete en una burbuja interactiva de la que no dan ganas de salir.

 MÁS SOBRE SALÚ 

 

Dirección: Nicaragua 4880 (Palermo- C.A.B.A.)

 

Teléfono: 4832-7711

 

Facebook: https://www.facebook.com/saluclubdemesaycocina/ ↳Desde esta red social promocionan los distintos encuentros

 

Instagram: https://www.instagram.com/saluargentina/

 

 

 

 

 

 

 

 

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