Los barrios chinos más allá del prejuicio por su apariencia

February 23, 2018

 

Parecería que todos los “Barrios Chinos” del  mundo son iguales. A veces escucho a la gente opinar que visitarlo no merece la pena. “Si uno conoce los productos de uno, está al tanto de lo que pueda encontrar en otro”, piensa. 

 

Estamos de acuerdo en eso: desde cactus para decorar el balcón de casa hasta imitaciones de carteras de diseñadores de elite, pasando por hebras de tés de todo tipo de yuyos, los Chinatowns alrededor del globo podrían ser una simple mala reproducción de una comunidad asiática.  Aún así, me parece justo y necesario agudizar la percepción. 

 

En primer lugar, hay que entender el por qué del asentamiento de cada barrio. No es una burbuja que surgió de la nada: es el producto de una oleada migratoria.  El Barrio Chino de Buenos Aires (ubicado en la calle Arribeños al 2100) surgió alrededor de la década de 1980. Fue la tercer comunidad asiática en llegar: primero fue la japonesa, luego la coreana y por último la china. La WWII y la Guerra de Corea (1950-1953) fueron factores determinantes para sus asentamientos. 

 

Lo curioso es que, aunque estos dos agentes también fueron la causa de la emergencia de “Chinatowns” en otras partes de América, el impacto fue totalmente distinto. Ni hablar de en aquellos sitios donde esta cultura milenaria ya se venía sintiendo con fuerza.

 

Un claro ejemplo: el Barrio Chino de San Francisco. Crece desde 1850 y el día de hoy es el punto fuera de China con mayor número de integrantes de su cultura.  Aún más, este sitio fue el portal que permitió que la gastronomía asiática  disponible en ese entonces en EEUU - mayormente japonesa- se adaptase en una nueva mezcla chino-americana y se volviese popular.

 

Personalmente, creo que la evidencia de esto último yace en la disputa actual sobre el origen del plato “California Roll”. Tal era la presencia de la comunidad asiática en la West Coast, que no queda claro quien implementó esta nueva versión del sushi, reelaborado con pepino, cangrejo y palta. 

 

Indudablemente, ya no estamos hablando de un barrio de 8 manzanas a la redonda aproximadamente, como el que está en Buenos Aires. Su superficie es, según lo investigado, 3,47 km².  

 

Hay motivos para pensar que detrás de la apariencia de “un centro comercial al aire libre con varias sucursales idénticas en el mundo”,  siendo que en todas se venden pomadas medicinales de dudosa procedencia, descansa la energía de una colectividad que se anima a innovar, a crecer lejos de su origen territorial, a echar raíces de un modo tal que se pueda aprender tanto de estas como de la mismísima Asia. 

 

Otra es la vibra que subyace al Chinatown de NYC.  Este barrio logró potenciarse de un modo tal, que la zona conocida como “Little Italy”, hogar de la comunidad italoamericana desde 1880, pasa casi desapercibida. Hoy día es muy difuso lo que queda de esa colectividad: apenas un  cartel que señala la entrada a ”Little Italy”  en Mulberrry St. , alguna que otra trattoria italina, gelaterias y pizzerias. 

 

El barrio chino de Manhattan también es un punto neurálgico de la cultura asiática fuera de su continente originario. En 215 Centre Street New York, está el MOCA: Museum of Chinese in America. (DATO: cada primer jueves del mes, su entrada es libre y gratuita!). Fue tal su crecimiento que, de ser una organización establecida en un segundo piso de una antigua escuela pública, se mudó en 2009 a su actual ubicación. 

 

En este centro cultural se llevan a cabo tareas de investigación, de recolección de artefactos y documentos (fotos, postales, ejemplares de revistas), en pos de dar sentido a la reconstrucción de la historia de la comunidad china en EEUU. Recientemente, por ejemplo, se donó una colección de alrededor de 350 libros de cómics y revistas de  artistas chino-americanos. Los diferentes restaurantes y comercios más emblemáticos y antiguos de la zona también contribuyen con “reliquias” de cuando comenzaron a funcionar.

 

Hay otra razón por la cual este Chinatown sobresale del resto. Acá se puede encontrar desde 1962 el Memorial “Kimlau Square, en honor a los chino-americanos que fallecieron durante la WWII sirviendo al país anglosajón.

 

En Buenos Aires no tenemos algo así en el barrio chino situado en  la encrucijada de Arribeños y Juramento.  ¿Sigue teniendo la misma importancia que el Chinatown de San Francisco, o el de Nueva York? Claro que sí. No tendrá esa fusión étnica de de vietnamitas, filipinos e inclusive de comunidades latinas y africanas como en NY, pero sigue teniendo su magia.

 

Si hubiera sido de otro modo, el Gobierno de China no hubiese donado 4 nuevas esculturas en 2016 al micro-barrio de Belgrano.  Se trata de 2 “Leones de Buda” y 2 “Dragones del cielo” hechas en mármol rosa, con un peso de 3.500 kg cada una. Son las figuras tradicionales de la cultura china, que claman por la protección  y la buena fortuna. 

 

Si la propia autoridad china puede ver el hechizo que recorre el paseo peatonal de Arribeños, ¿por qué despreciarlo por su acotada superficie, por una  supuesta falta  de originalidad de los negocios o por la pobre oferta gastronómica en comparación con los “Chinatown” del resto del mundo? 

 

Parece ser, que el encanto está en la mirada. Será cuestión de dejar de observar como un “turista aburrido” y tener el enfoque de una comunidad que siente que, a pesar de estar lejos de su hogar de origen, tiene un sitio donde se respeta y se valora lo que aporta culturalmente. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

“Once”: el distrito porteño con personalidad propia

July 30, 2019

1/5
Please reload

Entradas recientes

April 28, 2019

Please reload

Archivo