UA-163518041-1 Museo Nacional de Arte Decorativo: un palacio por dentro y por fuera
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Museo Nacional de Arte Decorativo: un palacio por dentro y por fuera

Actualizado: may 6


Existe una joya en pleno barrio de Recoleta que demuestra que los restauradores de obras de arte, arquitectos y diseñadores no son solo artistas; sino magos. Es el Museo Nacional de Arte Decorativo (“MNAD”),  un sitio abierto al público y de acceso gratuito que pone de manifiesto el esplendor de su pasado y de su presente. 


Recomendaciones para visitar y disfrutar a pleno del MNAD


Acercarse en un día soleado, porque sólo así permiten el acceso a los jardines.


Dar una vuelta al sitio con información a mano: contar con la App

“Dozzent” (disponible para App Store y Android) puede ser muy útil. Esta

funciona tanto para centros culturales de Argentina como para otros países americanos; y ofrece una colección de audioguias, data y planos disponibles en modo online u offline. Si uno ya sabe de antemano que recorrerá el MNAD con ese entusiasmo por querer “saber todo”, es recomendable descargar los archivos con WIFI antes de llegar al Palacio. Hacen muy enriquecedora la visita.


Averiguar qué exposiciones están disponibles en el subsuelo. Aún más, qué talleres se están realizando. En el sitio oficial de MNAD en Facebook y en su Instagram hay buena interacción entre usuarios y la institución. Resuelven rápido consultas y proporcionan información más actualizada que el propio sitio web oficial.


Chequear horarios de visitas guiadas: las hay en español, ingles y francés (en estos dos últimos idiomas,  existe un arancel por persona).


✽Averiguar si abre feriados específicos. Los lunes, de por sí, el MNAD permanecerá cerrado.


¿Qué hay detrás de ese portón imponente sobre la Avenida Libertador?


Aunque el MNAD es museo desde 1937, siempre mostrará que tiene la esencia de un palacio. Es un edificio cuya construcción se inició en 1910 y que, previo a ser proclamado parte del patrimonio estatal, fue hogar de una familia aristocrática de la época. La misma estaba compuesta por el diplomático chileno Matias Errázuriz y su mujer Josefina de Alvear (quien era prima hermana de Marcelo T. de Alvear: presidente de la Nación Argentina entre 1922 y 1928).


La herencia europea plasmada por doquier



El matrimonio, años previos a la edificación de su hogar sobre una de las principales avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, vivió años en Francia. Fue allí donde recibieron gran influencia del arte europeo del siglo XVIII y se interesaron por piezas de colección. Inclusive, por el paisajismo: Sus jardines (restaurados en 2015 pero manteniendo su particular definición) y salones resguardan ese aire al Palais de Versailles del Antiguo Régimen.



Lo que impregna el palacio es una genuina mezcla de materiales compuesta por cuero, piedra, mármol, porcelana, roble, tapices con relatos mitológicos inscriptos y , vidrios espejados. A su vez, es evidente la obsesión por los colores rojo, bronce y plata. En su conjunto, hacen del mismo una idéntica representación de la dependencia de una familia respecto de “lo que estaba de moda” en Europa a principios del siglo XX, pero también de la idea que flotaba por esos pagos de lo que “era necesario tener para ser digno de la clase aristocrática”.


Por otra parte, el rol de “embajador” de Errázuriz le permitió a este ir adquiriendo obras maestras de diversas regiones europeas y de estilos completamente distintos; inclusive, del tipo “oriental”.


Tesoros ocultos en el MNAD


El MNAD funcionó como residencia; pero también como Embajada de Chile y “club social” de la élite de la década del ’20. Toda esa magia se perdió tras el fallecimiento de Josefina de Alvear en 1935. No obstante, este sitio prevaleció - y lo hace hasta aún hoy - como albergue de objetos invaluables con una fuerte historia detrás. Por ejemplo...


En 1949, llegó a modo de donación un reloj que perteneció a Luis XVI y a Maria Antonieta hasta la Revolución de 1789. Según investigué, el propio reloj plasma en sus figuras la unión entre Austria y Francia.


“Miniaturas”, que eran un modo de llevar con uno mismo imágenes de seres queridos o de aquellos con quienes se mantenía una lealtad política. Este tipo de registro de las personas fue una marca registrada del siglo XVIII, que logró democratizarse y llegar a distintas capas sociales -distintas a la élite- antes de ser reemplazada por la gran invención de la fotografía.

Lo divertido del museo es que se ofrecen lupas con luces LED para poder observar de cerca las dedicaciones y los rasgos específicos de cada miniatura, ya sea del retrato en sí o de su marco o relicario; es decir, la superficie donde se la guardaba.





↳ Las esculturas de Rodin. “El Pensador”, quizás su obra más célebre, tiene su versión en el MNAD. Lo más interesante, no obstante, es que están disponibles “La eterna primavera” y “El Beso”: ambas fueron hechas por el famosísimo escultor moderno a pedido de la familia Errázuriz. Inclusive la llamativa chimenea del Hall (de estilo inglés; “Tudor”), iba a ser remodelada por el artista. Sin embargo, según investigué, acordar ese rediseño implicó alrededor de ¡un año! y finalmente, dado su elevado costo, no se llevó a cabo.


No hay que olvidar que, pese a que a que el Palacio de los Errázuriz mantiene colecciones permanentes de muchos objetos que plasman lo que era su vida cotidiana, hoy también cumple la función de centro de exposiciones temporales que están relacionadas con el diseño de algún modo.


Exhibiciones que brillaron en “El Decorativo”



✽“Archipaper: dibujos desde el plano” (abril - mayo de 2018). Una muestra que propuso volver a reflexionar sobre cómo el dibujo sigue siendo una técnica esencial que nos constituye día a día.  Esta exhibición puso al alcance de su público bocetos de proyectos que fueron concretados en distintas ciudades del mundo, y a su lado la explicación de cómo fueron pensados. El objetivo, a fin de cuentas, era volver a reflexionar sobre la raíz de toda obra arquitectónica. Era  una invitación a  retornar a ese “modo del pensar” que no requiere de las palabras.



El "ir a un museo" no tendría por qué verse como una actividad pesada y aburrida. Si este sitio es "denso", lo es sólo en cuanto a la información y las riquezas que lo conforman. No se pierdan la posibilidad de apreciar un espacio cultural con todas las letras (MAYÚSCULAS).


Si se quedaron con ganas de más arte, pueden acercarse al Museo Nacional de Bellas Artes, que queda a sólo 800 metros. 




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